REFORMA AL ESTATUTO ESTUDIANTIL
INFORMATIVO RESISTENCIA CIVIL # 3
REFORMA AL ESTATUTO ESTUDIANTIL
CRÍTICAS, PERSPECTIVAS Y ALCANCES
Es un hecho que desde hace unos años en la Universidad se vienen adelantando procesos de reestructuración en varios ámbitos de la vida académica, el más importante de éstos, la Reforma al Estatuto Estudiantil, se enmarca dentro de la ofensiva del Gobierno por liquidar la educación pública superior. Después de 18 años de neoliberalismo el balance para la Nación no es nada satisfactorio. Las privatizaciones de los principales activos del país, el aumento de los impuestos a las clases menos favorecidas y su disminución a las multinacionales extranjeras y grandes emporios económicos nacionales, así como el saldo deficitario de la cuenta corriente, han dejado sin recursos al Estado para brindar los derechos que como ciudadanos poseemos. Es por esto que el presupuesto que le brinda la Nación a la Universidad Nacional de Colombia no ha crecido en términos reales en los últimos diez años, causa principal del actual proceso de reformas en el alma máter. La Reforma al Estatuto Estudiantil está dividida en dos grandes pilares: las disposiciones de convivencia y orden, en las cuales se especifican los principios, derechos y deberes, las instancias para el tratamiento de conductas que alteren el orden y la convivencia, las medidas disciplinarias, entre otros; y las disposiciones académicas, donde se reglamentan temas como la admisión, la inscripción, las evaluaciones y calificaciones entre otros.
El tema de “convivencia y orden” tiene un lenguaje ambiguo y muchas de sus disposiciones no están claramente reglamentadas, es raro que el estudiante no sea un fin del estatuto. Es evidente la intención, por parte de la administración de la universidad, de limitar la participación de los estudiantes dentro de los espacios de representación, pues se exige buen rendimiento académico para poder acceder a estas instancias, lo cual no contempla la constitución. También se circunscribe la intervención en estos cargos a los programas y proyectos académicos, esta propuesta es un primer paso para debilitar procesos de discusión frente a temas como: las residencias universitarias, los vendedores ambulantes, el plan de reorganización y fomento de la UN, concesiones a entidades privadas de los recursos físicos de la universidad, entre otros. De igual manera, es claro el total desconocimiento del actuar cotidiano del estudiantado, la propuesta de creación de los comités de convivencia y disciplina es la más clara muestra de que el estudiante es subvalorado, debido a que el fin de los comités es juzgar y castigar los actos que atenten contra la convivencia, los cuales no se especifican y por tanto generan ambigüedad a la hora de proyectar posibles situaciones que pudieran vulnerar la convivencia y el orden dentro de la universidad, y no generar discusión y apoyo para la construcción de situaciones que faciliten las relaciones sociales en el devenir de la vida universitaria. La autonomía deja de ser un principio colectivo de autodeterminación de la institución, ahora recae en la responsabilidad del estudiante como individuo. La reciprocidad es entendida como el intercambio entre la universidad y el estudiante para generar un beneficio mutuo y no como complemento el uno del otro. Sorprende que el bienestar universitario esté separado del componente académico y que a pesar de tomar como problema principal la deserción estudiantil, desconozca los factores económicos que inciden en ésta, ya que el 85% se producen por factores socioeconómicos.
El componente académico privilegia la lógica financiera, eficientista, estableciendo un “cupo limitado de créditos”, con el cual los estudiantes definirán su rumbo universitario, como afirma Alvaro Zerda (Decano de la Facultad de Ciencias Económicas), se trata del neoliberalismo académico. El uso de los créditos académicos en otras naciones se implementa como parámetro de medición para homologar títulos a nivel nacional e internacional, aunque muchos países europeos y de otros continentes no han podido superar el proceso de estandarización requerido para implementar este sistema, así pues, la única aplicación de los créditos, como medida de tiempo requerido para cursar una asignatura, es la homologación al interior de la universidad para procesos de doble titulación horizontal (pregrado-pregrado o postgrado-postgrado) o vertical (pregrado-postgrado-maestría), traslados, entre otros.
La reforma en el componente académico posee grandes inconsecuencias que deben ser revisadas, según los informes de la administración, los créditos buscan flexibilizar la formación universitaria con el propósito de mitigar la deserción estudiantil, cuando la realidad es que la reforma endurece el sistema académico. La doble titulación sería imposible para estudiantes que quieran aprovechar este beneficio con carreras poco compatibles y bastante difícil para carreras similares, esta reforma además impone una lógica de oportunismo y facilismo reflejada en la asignación de niveles de importancia de las diferentes asignaturas, pues es un hecho que los estudiantes le darán primordial jerarquía a las materias con un mayor “valor” en los términos del sistema, con lo cual se cercena la investigación asignando un mínimo de créditos para obtener el título, que como consecuencia no obligará al estudiantado a tomar líneas de profundización, necesarias para la generación de conocimiento y futura especialización en el postgrado.
También es inconsecuente la nota aprobatoria de las asignaturas requerida en postgrado (3.0) y la mínima calificación para el bajo rendimiento académico (3.5), ya que un estudiante de postgrado que haya aprobado sus materias con un promedio académico ponderado acumulado de 3.4 perderá la calidad de estudiante. El profesor Leopoldo Munera plantea que la racionalidad instrumental necesaria para el aprovechamiento del sistema de créditos no se dará, y aun mas, cuando la universidad año tras año recibe estudiantes cada vez mas jóvenes gracias a la promoción automática de la educación básica y media.
Es una necesidad del estudiantado discutir temas como la reforma al estatuto estudiantil y generar propuestas sobre los puntos que no estén acordes a los intereses de los estudiantes, del futuro del alma máter y de la Nación. Sin duda alguna, la elección de los concejos estudiantiles acentuará estos procesos de discusión y debate, y fortalecerá la posición del ente estudiantil como sujeto activo en los procesos de transformación de la vida universitaria.
Organización Colombiana de Estudiantes – OCE oceunal@gmail.com